Hoy me siento frente a un computador, pero no para ponerme a hacer lo que hacia todos los días de mi vida durante 8 años, y es de noche, pero no estoy trasnochando a las malas, obligado por mi “deber” y la responsabilidad de entregar una campaña de esas “pa antier”o por que simplemente el cliente necesita algo “urgentísimo” (uno de esos famosos incendios) que nunca se pueden negociar o mover, o haciendo alguna “proactividad” paralela a las tareas establecidas para la semana. No, Estoy frente a un computador mirando hacia atrás para escribir sobre mi cambio de vida y de paradigma, viendo el camino que me ha traído hasta aquí, el proceso tanto personal, como espiritual, que me llevó a retirarme de las agencias de publicidad y en general a la vida sistematizada, para dedicarme al campo. Estoy aquí, por que me dieron ganas de contar y compartir con quienes quieran conocer mi historia, el por qué dejé la comodidad de un sueldo fijo, de tener un contrato con prestaciones, seguridad y estabilidad, y un sueldo relativamente bueno, (teniendo en cuenta la situación laboral y económica del país), por un estilo de vida de ingresos inciertos, de riesgos y de comenzar una actividad que no conocía.

Paradójicamente, si, vengo del mundo y del medio de la publicidad, un medio dónde a pesar que existen increíbles seres humanos con una calidad de personas invaluable que tuve la oportunidad de conocer, también es tal vez, uno de los medios más competidos, superficial, egoísta, snobista, hedonista y muchas otras cosas terminadas en “ista”.

Tal vez no se si sea algo que tiene que ver con mi personalidad o mi carácter, o tal vez sufra algún desequilibrio en mis facultades mentales, pero dejé la vida cotidiana y sistematizada de la ciudad dónde tienes que seguir unas reglas y unos paradigmas sociales en torno al trabajo, a un horario, a cumplir con las expectativas de alguien, o de muchos, “a ser alguien en la vida”, a ser exitoso y demostrárselo a la sociedad, pero lo más triste, a hacer todo eso para conseguir los medios para pagar tus deudas, por que al final el trabajo más allá de suplir las necesidades básicas de alimentación, salud y vestido, pareciera estar diseñado para pagar tus deudas, deudas creadas y diseñadas por éste sistema tirano de consumo imparable y constante, (que entre otras, es lo que tiene al borde de un colapso al mundo), deudas como: servicios, arriendos, medicinas prepagadas, seguros de vida, impuestos, tarjetas de crédito, seguridad social, todo eso salido de lo básico para poder vivir en éste mundo. Pero vamos por partes.

Para empezar, agradezco a mi profesión por todas las experiencias vividas, agradezco profundamente lo que puede hacer y realizar gracias a ese trabajo: experiencia, amigos, contactos, crecimiento personal y profesional, pero la verdad, es que no podía seguir haciéndolo toda la vida. Nunca fui lo suficientemente feliz allí y no es que no me gustara lo que hacía, el diseño es una de las experiencias más geniales de mundo, pero una cosa es el diseño como diseño y otra el diseño para vender y para hacerlo en una industria de consumo y es ahí dónde comienza uno de mis grandes dilemas. Nací en Bogotá, pero gracias a la decisión de mis padres de querer vivir en el campo, me crié desde recién nacido en una vereda de La Calera. Yo crecí rodeado de verde, de bosques, montañas y animales, en una época dónde aún la ciudad no empezaba a expandirse al campo bajo eso que se conoce como “progreso”. A nosotros nos traían la leche recién ordeñada los domingos en cantina para nuestro consumo semanal, leche entera que José (nuestro ayudante de quehaceres) ordeñaba a un potrero de distancia, algún tiempo tuvimos gallinas que terminaron anidando en el techo de la casa y de ahí venían nuestros huevos, criollos, sanos. Antes de la masiva urbanización de ésta aún hermosa región, se veían los cultivos de papa, maíz, fresa, hortalizas, y las vacas pastando cerca de alguno que otro establo con caballos y las casas campesinas siempre con sus pequeñas ventanas y la estufa de leña prendida, y fue ahí, de niño, que me enamoré del campo profundamente, un amor que como cualquier otro, ni la distancia ni las circunstancias pudo deshacer.

Me volví entonces un defensor acérrimo de la naturaleza y de los animales, casi que un activista ecológico, claro, pero publicista al fin de cuentas, ¿que coherencia puede haber en eso?, seamos honestos, ser amante de la naturaleza y querer cambiar el mundo trabajando en publicidad es como el que reza y peca empata, osea ¿porque tenemos una de las crisis ambientales más grandes en toda la historia de la humanidad? ¿por qué estamos sufriendo el calentamiento global y todas sus devastadoras consecuencias? fácil, por el consumo y cual es la herramienta del consumo para poder seguir su círculo eterno? la publicidad. Primer dilema existencial entre, trabajo, sociedad, ideales y sueños.

El segundo dilema es personal y tal vez espiritual, siempre fui inquieto espiritualmente, desde mediados de mis veinte empecé a cuestionarme el por qué estoy aquí, por qué estoy vivo en éste planeta, por qué tengo la familia que tengo, cual es mi misión en éste mundo y creo que es algo que nos cuestionamos todos en algún momento y tan sólo reflexionar en ello, por ende, nos pone a reflexionar lo que hacemos en la vida: ¿si la vida es una sola, que hago todos los días encerrado en 4 paredes 8 horas diarias, o en el caso de los publicistas 12, 13, 14…?

Comencé a sentir que el mundo y la vida son más que despertar todos los días, ir a una oficina, y volver a casa rendido a dormir, para al otro día volver a hacer lo mismo. Es una dictadura demasiado fuerte para hacerla todos los días de tu vida hasta llegar a una edad dónde ya no tengas muchas posibilidades. Pero por qué lo seguimos haciendo? a parte de las deudas, ¿para qué más? ¿para tener un auto y demostrar dependiendo del auto nuestro nivel en la sociedad? ¿tener un apartamento o comprar la ropa de una marca o un almacén específico? ¿para darnos gustos como ir a un restaurante rico o salir de la ciudad los fines de semana? tal vez si, a parte de las deudas inherentes al sistema, tal vez lo sigamos haciendo por esas cosas, por consumir finalmente.

Pues bueno, en medio de todo eso, creo que comencé a vibrar en una frecuencia diferente a la del medio dónde estaba, tener un carro, vestirme con tal marca o poder mostrar en instagram que voy a tal bar o tal restaurante dejaron de ser cosas importantes para mi, comencé a disfrutar con una fuerza poderosa mi poco tiempo libre y los momentos sencillos de la vida: un atardecer, una noche estrellada, el olor de un bosque, un arcoíris, dormir en el pasto. Estaba en un momento donde el trabajo me parecía importante y aún me parece importante para subsistir, pero cuando tu vida básicamente se convierte en eso y toca trabajar horas extras eternas o algunos fines de semana y ese equilibrio de trabajo y vida social y personal se rompe, se me salía el demonio, ya no era negociable, así comencé a tener problemas relacionados con el ambiente laboral y así se intensificaron a medida que me sentía menos libre y más absorbido, más preso, lo que desencadenó definitivamente mi salida del medio.

Así comenzó ésta travesía hace un año y 8 meses donde comencé a desempeñarme como diseñador freelance, enfocado más en temas de desarrollos de identidad de marca y diseño gráfico como tal, por lo cual ya no me sentía tanto trabajando para el diablo y había logrado mi anhelada libertad, si trasnochaba era por que yo lo decidía, tenía tiempo de calidad que podía organizar a mi gusto, pero el campo seguía llamándome, hasta que estuve preparado y terminé de dar el giro definitivo y comencé a trazar mi camino como parmacultor en proceso, donde paralelo sigo vinculado al diseño por que me encanta y quiero seguir haciéndolo.

Cómo es de paradójica y curiosa la vida, pasé de un medio que gira y vive en torno al consumo a uno donde se vive al contrario, de la publicidad a la permacultura, de un escritorio y un computador a una parcela y un azadón, de estar siempre limpio y bien presentado, o bueno eso creo, a ensuciarme las manos y ropa con tierra, de usar unas botas de cuero para la oficina a unas botas de caucho para trabajo de campo. Pasé de trabajar para competir con otros por prestigio, premios o estatus profesional, a trabajar por y en comunidad dónde el premio es lograr cambios sociales y culturales, pasé de incentivar el consumo, a incentivar también el consumo, pero de forma consciente y responsable, de en vez de generar más basura, de reciclarla, pasé de la vida dependiente a intentar (por que aún lo intento), la vida autosuficiente.

De repente y progresivamente, me di cuenta que estaba siendo feliz, no esa felicidad momentánea como cuando uno va a cine a ver su película favorita pero se acaba y regresa a la realidad, sino había alcanzado la felicidad como estado, puedo decir con toda seguridad que vivo feliz y que soy feliz, y además me siento toalmente orgulloso de lo que hago y lo que he logrado, y si, tengo mis preocupaciones todavía y aún me afectan ciertas cosas, no soy un ser de luz que nada lo perturba y solo emana paz y amor, pero feliz finalmente y así ya no tenga mucho dinero o una economía estable para cosas como un auto, poder estrenar ropa constantemente o salir seguido a un buen bar o un restaurante, ésta decisión no tiene vuelta atrás, no cambio ésta vida por nada, ni por nadie, me quedo con mis tardes, con poder dormir en el pasto en mi tiempo libre, con despertarme con el canto de las aves, me quedo con el trabajo de campo, con mis huertas y consumir lo que yo mismo he cultivado con mis propias manos, lo cual a todas éstas, es una experiencia indescriptible

éste camino también tiene su costo social, en un mundo lleno de estereotipos y de etiquetas, ya me costó una relación por ejemplo y a medida que pasa el tiempo me está costando amigos o bueno personas que creía eran amigos, que les cuesta entender éstas decisiones y éstos cambios, los que un poco ciegos por ése sistema nefasto, y no es culpa de ellos, comienzan a verlo a uno como un loco o un “hippie”.

Lo bueno es que nunca estaré sólo, siempre quedan los 3 o 4 amigos que lo aceptan a uno como es, la familia que nunca falta y lo más chévere, la nueva gente que se va encontrando en el camino con visiones y estilos de vida similares con quienes compartir y aprender. Sin embargo, no pierdo la esperanza que así como yo, en algún lugar exista una “neocampesina con quien compartir éste sueño y tener una hermosa familia donde mis hijos también crezcan en medio de animales, vacas y gallinas felices, con una conciencia ecológica mucho más grande que la que puedo tener yo.

Sólo quiero dar testimonio que los sueños se pueden cumplir, que en la vida hay que tomar ciertos riesgos para cumplirlos, sobre todo, que sólo tenemos esta vida, una sola oportunidad para hacerlo, que la vida es un ratico y hay que vivirla al máximo, aprovechar cada oportunidad, aprender de cada experiencia, agradecer lo que tenemos y lo que nos pasa, lo malo y lo bueno. tengo en estilo de vida sencillo pero no me estoy muriendo de hambre y siempre estoy agradecido por todo lo que dios y la vida me dan, que es lo necesario, no necesito ni más, ni menos.

Así entonces es como éste publicista dejó la vida de oficina por la vida del campo buscando como todos su felicidad, y no, no soy hippie, soy happy.

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